jueves, 16 de abril de 2020


MAXIMATO: TRES PRESIDENTES EN UN SEXENIO
En julio de 1928 sucedió un hecho sin precedentes: asesinaron al presidente electo, el general Álvaro Obregón. Esta situación modificó radicalmente el panorama político, pues la figura del caudillo era la única que había logrado que los grupos dentro del gobierno alcanzaran cierto consenso; el panorama era muy complicado pues aunque la solución constitucional era realizar otras elecciones, designar candidatos y procurar la unidad de la familia revolucionaria no sería una tarea fácil.
La labor recayó en el general Plutarco Elías Calles, quien por ese entonces cumplía sus últimos meses como presidente de México y era el único que podría mediar en los conflictos dentro del partido oficial rumbo a la elección de su sucesor. Su estrategia fue hábil: tras el periodo provisional de Emilio Portes Gil, llamó al embajador de Brasil, Pascual Ortiz Rubio, para ocupar la secretaría de gobernación. Dada su lejanía con el país era un personaje casi desconocido sin simpatías ni antipatías en el Congreso, y debido a su debilidad política por la evidente falta de apoyo, el propio Calles -quien por cierto fue profusamente acusado de ser el autor intelectual del asesinato- podría utilizarlo para concentrar en sí mismo el poder que Obregón dejó a la deriva tras su muerte.

La fórmula no sólo dio resultado sino que creó un panorama político bastante sui generis ya que a pesar de que la sucesión se resolvió conforme a derecho, la figura de Calles se fortaleció y se colocó por encima de la del presidente en turno no sólo durante la presidencia provisional, sino durante todo el sexenio. Tanto los legisladores como los funcionarios de las dependencias de gobierno sabían que el poder y la toma de decisiones no estaban en el presidente, sino en Calles quien fue nombrado el ""Jefe Máximo"". De ahí la denominación de este periodo histórico como ""Maximato"", en donde tres presidentes se sucedieron uno tras otro a lo largo de un sexenio.
Las elecciones extraordinarias se programaron para el 17 de noviembre de 1929, y esta ocasión fue la primera participación del partido político oficial que se había formado un año antes para resolver por la vía institucional el problema de vacío político. Éste era el Partido Nacional Revolucionario (PNR), y su primer candidato fue el ex embajador Pascual Ortiz Rubio. Por la lejanía que había mantenido con el mundo político del país, era un personaje con escaso capital político que, a consideración del general Calles, no opondría demasiada resistencia ante los mecanismos bajo los que se ejercía el poder.
Las elecciones se celebraron exitosamente, y con todo el apoyo de los revolucionarios aglutinados bajo el nuevo partido político Pascual Ortiz Rubio fue el ganador de la contienda. Sin embargo, desde el inicio su labor fue complicada, y los mensajes en contra de este intento llegaron muy pronto pues el mismo día de la toma de protesta el 5 de febrero de 1930, al salir del recinto legislativo sufrió un atentado y fue herido de bala en la mandíbula. Aunque el intento de asesinato no se consumó, sí se enrareció el panorama político y el presidente electo que de por sí no contaba con un apoyo amplio, arrancó su periodo presidencial con todo en su contra.
Aún así Ortiz Rubio intentó hacer valer sus atribuciones como lo estipulaba la ley y trató de ejercer el cargo presidencial; pero el Jefe Máximo actuó estratégicamente oponiendo obstáculos para impedirlo, y entre 1930 y 1932 se suscitaron una serie de desencuentros que, finalmente, llevaron al presidente constitucional a renunciar a su cargo. Así, el gobierno mexicano nuevamente entraba en una crisis que, sin embargo, confirmaba que Calles había logrado mantener el control como el verdadero líder de la familia revolucionaria.
En esta ocasión quien asumió el cargo de presidente interino fue el general Abelardo L. Rodríguez, quien había demostrado su lealtad hacia el Jefe Máximo. Incluso al iniciar su gestión asumió su papel únicamente como administrador del Ejecutivo, lo que puso de manifiesto que acataba por completo el status instituido por Calles en este singular periodo.
En el gobierno de Abelardo Rodríguez entre 1932 y 1934 el partido oficial se concentró en preparar la sucesión presidencial rumbo a las elecciones que se avecinaban, y sobre todo en apoyar al candidato que Calles y sus allegados consideraron el más idóneo para consolidar la labor revolucionaria del partido. El elegido fue Lázaro Cárdenas, quien ganó las elecciones en 1934 y dio inicio a un periodo de grandes transformaciones, entre ellas, el de dar fin con el sistema establecido por Calles, pues dos años después de asumir la presidencia lo obligó a salir del país como la única forma de terminar de tajo con el poder del Jefe Máximo de la revolución mexicana. Sólo así Cárdenas pudo tomar las riendas sin los obstáculos que tuvieron sus antecesores durante el Maximato, y emprender su propio proyecto político.


miércoles, 15 de abril de 2020


HISTORIA DE MEXICO II         BLOQUE  III         15 abril de 2020
MAXIMATO
Se conoce como el Maximato al período histórico y político de México entre 1928 y 1934. Comenzó con el gobierno interino de Emilio Portes Gil y finalizó cuando Lázaro Cárdenas asumió la presidencia. Su nombre se debe a la influencia política que ejerció Plutarco Elías Calles (1877-1945), un político y militar con el título informal de “Jefe Máximo de la Revolución”.
Plutarco Elías Calles fue una figura central en la historia política mexicana posrrevolucionaria, a partir de su mandato presidencial formal entre 1924 y 1928. También tuvo una enorme influencia en los gobiernos títeres posteriores a la muerte de Álvaro Obregón en 1928.
En este lapso político se creó un partido único de estado: el Partido Nacional Revolucionario o PNR, bajo la consigna de que quien quisiera la silla presidencial, “que se forme”, como lo decía el mismo Calles, quien imponía las reglas de juego del momento.
Así, el Maximato es recordado como el gobierno de “un hombre fuerte” y como el último de los gobiernos caudillistas mexicanos. Además fueparadójicamente, un período en el que el impulso revolucionario de cambio social empezó a atenuarse y disminuir, en parte debido a la crisis económica mundial de 1929 (conocida como “La Gran Depresión”).
Sin embargo, los efectos modernizadores e institucionalizadores de este período fueron una importante herencia para México.


ANTECEDENTES
Luego de la revolución, México se debatió entre diversas tendencias políticas, cada una con “hombres fuertes” de la política local tirando de los hilos. El más importante de ellos fue Álvaro Obregón, militar que había participado en la Guerra Civil y que fue electo presidente para el período de 1920 a 1924.

Como la reelección no era posible, como sucesor logró hacer elegir a su delfín, Plutarco Elías Calles que gobernó entre 1924 y 1928. En su gobierno proliferaron las iniciativas nacionales modernas: se creó el Banco de México, se expandió la red de carreteras, se creó la primera línea aérea nacional, se fundó la Escuela Médico-Veterinaria y numerosas escuelas rurales.
Por otro lado, las tensiones entre el Estado y la iglesia, dieron pie a la Guerra Cristera de 1927. El ex presidente Obregón tuvo enorme influencia
en las políticas mexicanas de Calles, y promovió una modificación de la constitución nacional para permitir una reelección. Así, Álvaro Obregón fue reelecto en 1928 pero no logró asumir, pues fue asesinado en julio de ese año.
Así las cosas, asumió el gobierno interino Emilio Portes Gil (1928-1930), en el cual Calles fue un actor fundamental, llegando incluso a elegir a dedo los miembros de su gabinete.
Ese fue el inicio formal al Maximato, durante el cual gobernaron también Pascual Ortiz Rubio (1930-1932), quien renunció al cargo, y Abelardo Rodríguez (1932-1034) como presidente interino, siendo ambos gobiernos sometidos a la voluntad de Calles también.

  Consecuencias del Maximato
El Maximato fue una importante fuerza industrializadora y modernizadora del país. Enfrentó abiertamente los privilegios de la Iglesia Católica y procedió al reparto de tierras, la reforma agraria y la interconexión de los distintos rincones de México a través de la red vial.
A pesar de su tendencia a la centralización del poder en Calles y en el PNR, el Maximato legó a la república nuevas instituciones que pusieron fin al caudillato tradicional. Dejó como herencia una sociedad más urbana, más laica y más activamente involucrada en la política nacional.



miércoles, 1 de abril de 2020


Personajes de la independencia de México

José María Morelos
 nació en Valladolid (Michoacán) el 30 de septiembre de 1765. Sus padres fueron José Manuel Morelos y Juana Pérez-Pavón. Estudió en el Seminario de Valladolid y se graduó en Artes en la Real y Pontificia Universidad de México. Desde 1798 fue cura de varios pueblos de Michoacán.
En 1810 se incorporó a las filas de Miguel Hidalgo, quien lo nombró jefe de los insurgentes del sur de México, y le encargó tomar Acapulco. Después de la muerte de Hidalgo (1811), Morelos conquistó la mayor parte del sur y centro del país. En 1812, tomó Oaxaca.
También organizó el Congreso de Anáhuac, el que en 1814 aprobó la primera Constitución de Apatzingán, que tuvo carácter liberal republicano. Sin embargo, los criollos le negaron ayuda, y apoyaron la restauración absolutista del rey Fernando VII y la sanguinaria represión del virrey Félix María Calleja. Tras varios reveses militares, Morelos fue capturado en noviembre de 1815. Fue condenado por herejía y traición. Murió fusilado el 22 de diciembre de 1815. Sus restos descansan en la Columna de la Independencia. 

Vicente Guerrero

Nació en Tixtla, en el actual estado de Guerrero, el 10 de agosto de 1782. Fue presidente constitucional de México del 1 de abril al 17 de diciembre de 1829. Murió en Cuilapan, Oaxaca, el 14 de febrero de 1831.
Era un peón en las haciendas azucareras de Tierra Caliente cuando se unió a la Guerra de Independencia. A la muerte de Morelos, fue reconocido como generalísimo de los ejércitos insurgentes y, de hecho, el último de sus caudillos. En 1821 aceptó pactar con Agustín de Iturbide la Independencia y se adhirió al Plan de Iguala. Se pronunció contra Iturbide cuando éste se convirtió en emperador y, en contraparte, apoyó el establecimiento de la República. En 1828 perdió las elecciones presidenciales, pero gracias al “Motín de la Acordada” consiguió que el Congreso lo pusiera al frente del Ejecutivo. Meses después se rebeló en su contra el vicepresidente Anastasio Bustamante, a quien salió a combatir. Durante su ausencia, el Congreso lo declaró “imposibilitado mentalmente para gobernar”. Sin apoyos de ninguna especie, Guerrero se refugió en las montañas del sur. A principios de febrero de 1831 fue traicionado y fusilado. Sus restos descansan en la Columna de la Independencia.


Francisco Javier Mina
 (Xavier) nació en Navarra (España) el 6 de julio de 1789. Fue hijo de Juan José Mina y de María Larrea. Estudió matemáticas y humanidades en el Seminario de Pamplona.
Desde 1808 contra las tropas napoleónicas que invadieron España. En 1810, fue capturado por los franceses. Estuvo encarcelado en París hasta 1814. Al regresar a España se unió a los liberales que exigían el respeto a la Constitución de Cádiz, por lo que fue perseguido por los seguidores de Fernando VII. Esto lo obligó a refugiarse en Inglaterra.
En marzo de 1817 llegó a Tamaulipas para colaborar en la Independencia de México. Se internó en San Luis Potosí, donde intervino en varias batallas hasta que fue capturado el 27 de octubre de 1817 en Guanajuato. Fue fusilado en el Cerro del Borrego el 11 de noviembre del mismo año. Sus restos descansan en la Columna de la Independencia.


NICOLAS BRAVO
Nació en Chilpancingo, en el actual estado de Guerrero, el 10 de septiembre de 1786. Ocupó la Presidencia de México en tres ocasiones: del 11 al 17 de julio de 1839, como sustituto; con la misma designación, del 26 de octubre de 1842 al 14 de mayo del año siguiente; y como presidente interino, entre el 28 de julio y el 6 de agosto de 1846. Murió en la hacienda de Chichihualco, Guerrero, el 22 de abril de 1854.
Insurgente de intachable trayectoria, se convirtió en el hombre de confianza de José María Morelos. Militar valeroso y magnánimo con el enemigo, en una ocasión perdonó la vida a 200 realistas. Cayó preso en 1817; al salir en libertad, apoyó el Plan de Iguala. Fue el primer vicepresidente de México (1824-1829), jefe de operaciones contra Vicente Guerrero (1829-1831), presidente del Congreso y jefe del Ejército del Norte (1837). Su notorio historial militar no tuvo equivalente en su actividad política. En las tres ocasiones que ocupó la Presidencia fungió como protector de los intereses de Antonio López de Santa Anna. Como gobernante, fue medroso y tibio. En 1842 disolvió el Congreso, que pretendía discutir una nueva Constitución contraria al caudillo veracruzano. Más tarde, en 1847, fue comandante en jefe de la capital del país, posición desde la que organizó la defensa del Castillo de Chapultepec frente a la invasión estadounidense.
Sus restos descansan en la Columna de la Independencia


JUAN ALDAMA

Nació en San Miguel el Grande, Guanajuato. Hermano de Ignacio y tío de Mariano y Antonio, del mismo apellido, héroes también de la Independencia. Capitán del Regimiento de la Reina, conspiraba desde 1809.
Enterado del descubrimiento de la subversión en septiembre de 1810, marchó a Dolores para prevenir a Hidalgo. Quiso impedir el inicio de la lucha. Recibió en Celaya el grado de mariscal. Como teniente coronel participó en la batalla del Monte de las Cruces. Se opuso, con Allende, a retirarse y sostuvo la conveniencia de marchar sobre la capital. Acompañó a Allende a defender Guanajuato; tomó parte en la batalla del Puente de Calderón.
Marchó hacia el Norte y propuso trasladarse a Estados Unidos para buscar elementos de guerra. Sorprendido con los caudillos de la Independencia en Acatita de Baján, se le llevó a Chihuahua donde se le procesó. Lo fusilaron el 26 de junio de 1811 y su cabeza fue expuesta en la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato. En 1823 lo declararon Héroe de la Patria. León de los Aldama, en Guanajuato, lleva ese nombre en honor de los insurgentes de ese apellido. Sus restos descansan en la Columna de la Independencia.

IGNACIO ALLENDE UNZAGA

Ignacio Allende nació en San Miguel el Grande, hoy de Allende, el 21 de enero de 1769. Sus padres fueron Domingo Allende y María Ana de Unzaga. Siguió la carrera militar y sirvió en un regimiento de caballería.
Desde 1808 se vinculó a los conspiradores de Querétaro. El 16 de septiembre de 1810 estalló el movimiento emancipador, liderado por el cura Miguel Hidalgo. Allende fue nombrado Capitán General y asistió a toma de la Alhóndiga de Granaditas. Después de la victoria en Monte de las Cruces propuso la toma de Ciudad de México, pero el cura Hidalgo ordenó el repligue. Después de la derrota en Puente de Calderón, Hidalgo fue destituido y Allende asumió el mando del ejército patriota.
Cuando intentaba reorganizar sus fuerzas, Allende fue capturado en Acatita de Baján. Los realistas lo llevaron a Chihuahua, donde lo fusilaron el 26 de junio de 1811. Su cabeza fue expuesta en la Alhóndiga de Granaditas, hasta la consumación de la Independencia, junto con las de Hidalgo, Aldama y Jiménez. Sus restos descansan en la Columna de la Independencia

MARIANO JIMENEZ
Mariano Jiménez nació en San Luís Potosí el 18 de agosto de 1781. Realizó sus estudios básicos en su ciudad natal y después partió a la Ciudad de México para seguir la carrera de ingeniero de minas en el Colegio de Minería, habiéndose graduado en el año de 1804. Como era razonable esperar, decidió establecerse en la ciudad de Guanajuato y allí contrajo matrimonio.
Apenas unos meses después de su enlace matrimonial, Don Miguel Hidalgo dio el grito de independencia en Dolores, Guanajuato y fue el 28 de septiembre de 1810, cuando Jiménez se presentó ante el caudillo Miguel Hidalgo y Costilla para ofrecer sus servicios en favor de la causa. Cuando realizó el ataque a la Alhóndiga de Granaditas el joven ingeniero Jiménez lo acompañó en la lucha. En virtud de sus conocimientos técnicos, Hidalgo le asignó la tarea de construir cañones, trabajo que Jiménez realizo con presteza y singular eficiencia. Obtiene el grado de coronel y es puesto a la vanguardia del ejército y a cargo de la línea de artillería. Jiménez obtiene, junto con Allende un sonado triunfo en la batalla de Las Cruces y es ascendido a teniente general.
Por órdenes de Hidalgo, Mariano Jiménez viajó a la ciudad de México en misión pacífica, para solicitar al Virrey la entrega de la capital al movimiento independentista, pero la respuesta fue la amenaza de repelerlo violentamente.
Después de participar en varias de las acciones militares del movimiento de independencia, en Consejo de Generales se tomó la decisión de nombrar a Jiménez general en jefe del Ejército del Norte. Cuando iba camino de Saltillo, se topó con el ejército realista de Antonio Cordero a la altura de Agua Nueva. Tras reñida batalla Cordero salió derrotado, recuperando los insurgentes el armamento y para su buena suerte, muchos de los hombres de la parte enemiga que recibieron el indulto de Jiménez y decidieron unirse a la causa de la Independencia. En Saltillo Mariano Jiménez se reunió con los demás hombres del movimiento y con ellos se dirigió rumbo a los Estados Unidos de acuerdo con el plan que se habían trazado. Pero la fortuna les dio la espalda y al llegar a Acatita de Baján fueron sorprendidos y trasladados a Chihuahua, para hacerles un juicio y dictarles sentencia de muerte.
Jiménez fue fusilado el 26 de julio de 1811, junto con Juan Aldama e Ignacio Allende. Su cabeza fue expuesta en la Alhóndiga de Granaditas, hasta la consumación de la Independencia, junto con las de Hidalgo, Aldama y Allende.