MAXIMATO:
TRES PRESIDENTES EN UN SEXENIO
En
julio de 1928 sucedió un hecho sin precedentes: asesinaron al presidente
electo, el general Álvaro Obregón. Esta situación modificó radicalmente el
panorama político, pues la figura del caudillo era la única que había logrado
que los grupos dentro del gobierno alcanzaran cierto consenso; el panorama era
muy complicado pues aunque la solución constitucional era realizar otras
elecciones, designar candidatos y procurar la unidad de la familia
revolucionaria no sería una tarea fácil.
La
labor recayó en el general Plutarco Elías Calles, quien por ese entonces
cumplía sus últimos meses como presidente de México y era el único que podría
mediar en los conflictos dentro del partido oficial rumbo a la elección de su
sucesor. Su estrategia fue hábil: tras el periodo provisional de Emilio Portes
Gil, llamó al embajador de Brasil, Pascual Ortiz Rubio, para ocupar la
secretaría de gobernación. Dada su lejanía con el país era un personaje casi
desconocido sin simpatías ni antipatías en el Congreso, y debido a su debilidad
política por la evidente falta de apoyo, el propio Calles -quien por cierto fue
profusamente acusado de ser el autor intelectual del asesinato- podría
utilizarlo para concentrar en sí mismo el poder que Obregón dejó a la deriva tras
su muerte.
La fórmula no sólo dio resultado sino que creó un panorama político bastante sui generis ya que a pesar de que la sucesión se resolvió conforme a derecho, la figura de Calles se fortaleció y se colocó por encima de la del presidente en turno no sólo durante la presidencia provisional, sino durante todo el sexenio. Tanto los legisladores como los funcionarios de las dependencias de gobierno sabían que el poder y la toma de decisiones no estaban en el presidente, sino en Calles quien fue nombrado el ""Jefe Máximo"". De ahí la denominación de este periodo histórico como ""Maximato"", en donde tres presidentes se sucedieron uno tras otro a lo largo de un sexenio.
La fórmula no sólo dio resultado sino que creó un panorama político bastante sui generis ya que a pesar de que la sucesión se resolvió conforme a derecho, la figura de Calles se fortaleció y se colocó por encima de la del presidente en turno no sólo durante la presidencia provisional, sino durante todo el sexenio. Tanto los legisladores como los funcionarios de las dependencias de gobierno sabían que el poder y la toma de decisiones no estaban en el presidente, sino en Calles quien fue nombrado el ""Jefe Máximo"". De ahí la denominación de este periodo histórico como ""Maximato"", en donde tres presidentes se sucedieron uno tras otro a lo largo de un sexenio.
Las
elecciones extraordinarias se programaron para el 17 de noviembre de 1929, y
esta ocasión fue la primera participación del partido político oficial que se
había formado un año antes para resolver por la vía institucional el problema
de vacío político. Éste era el Partido Nacional Revolucionario (PNR), y su
primer candidato fue el ex embajador Pascual Ortiz Rubio. Por la lejanía que
había mantenido con el mundo político del país, era un personaje con escaso
capital político que, a consideración del general Calles, no opondría demasiada
resistencia ante los mecanismos bajo los que se ejercía el poder.
Las
elecciones se celebraron exitosamente, y con todo el apoyo de los
revolucionarios aglutinados bajo el nuevo partido político Pascual Ortiz Rubio
fue el ganador de la contienda. Sin embargo, desde el inicio su labor fue
complicada, y los mensajes en contra de este intento llegaron muy pronto pues
el mismo día de la toma de protesta el 5 de febrero de 1930, al salir del
recinto legislativo sufrió un atentado y fue herido de bala en la mandíbula.
Aunque el intento de asesinato no se consumó, sí se enrareció el panorama
político y el presidente electo que de por sí no contaba con un apoyo amplio,
arrancó su periodo presidencial con todo en su contra.
Aún así
Ortiz Rubio intentó hacer valer sus atribuciones como lo estipulaba la ley y
trató de ejercer el cargo presidencial; pero el Jefe Máximo actuó
estratégicamente oponiendo obstáculos para impedirlo, y entre 1930 y 1932 se
suscitaron una serie de desencuentros que, finalmente, llevaron al presidente
constitucional a renunciar a su cargo. Así, el gobierno mexicano nuevamente
entraba en una crisis que, sin embargo, confirmaba que Calles había logrado
mantener el control como el verdadero líder de la familia revolucionaria.
En esta
ocasión quien asumió el cargo de presidente interino fue el general Abelardo L.
Rodríguez, quien había demostrado su lealtad hacia el Jefe Máximo. Incluso al
iniciar su gestión asumió su papel únicamente como administrador del Ejecutivo,
lo que puso de manifiesto que acataba por completo el status instituido por
Calles en este singular periodo.
En el
gobierno de Abelardo Rodríguez entre 1932 y 1934 el partido oficial se
concentró en preparar la sucesión presidencial rumbo a las elecciones que se
avecinaban, y sobre todo en apoyar al candidato que Calles y sus allegados consideraron
el más idóneo para consolidar la labor revolucionaria del partido. El elegido
fue Lázaro Cárdenas, quien ganó las elecciones en 1934 y dio inicio a un
periodo de grandes transformaciones, entre ellas, el de dar fin con el sistema
establecido por Calles, pues dos años después de asumir la presidencia lo
obligó a salir del país como la única forma de terminar de tajo con el poder
del Jefe Máximo de la revolución mexicana. Sólo así Cárdenas pudo tomar las
riendas sin los obstáculos que tuvieron sus antecesores durante el Maximato, y
emprender su propio proyecto político.
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